La Asociación ORISOS recibe la MEDALLA POR LOS SERVICIOS DESINTERESADOS A LA COMUNIDAD 2017, concedida por el Ayuntamiento de Valdepeñas. Enhorabuena a todos/as

Andando por nuestra historia

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Tras el último recorrido de ORISOS por el Collado de los Jardines y la visita a La Carolina del pasado año, inauguramos este 2018 con fuerzas y ganas para nuevas aventuras por nuestro Patrimonio. El pasado sábado día 21 de abril, tomamos rumbo a dos emblemáticos destinos: Villamanrique y Torre de Juan Abad, ambos pertenecientes al Campo de Montiel y dignos ejemplos de orgullo de sus habitantes y visitas que llegan como nosotros, a disfrutar de su esencia histórica, social, cultural y artística.
Para el desarrollo de su buen fin, la actividad ha contado con el inestimable apoyo y gestión del presidente de ORISOS, Pedro Jesús Jaramillo, nativo de la Torre. Así como, participando en la misma, nuestra colaboradora Visitación Coronado, oriunda de Villamanrique, nos brindó información referente a la historia del Castillo de Montizón. Tras reunirnos por la mañana temprano el grupo de participantes junto al Parque de Bomberos de Valdepeñas, nos encauzamos decididos hacia nuestro primer destino: Villamanrique. Una vez llegados ahí, tomamos como punto de salida su plaza, para así, dar comienzo a nuestro encuentro con el majestuoso castillo de Montizón, cuyos orígenes se remontan en el siglo XIII. Tuvimos la suerte de que la mañana nos sonreía, un día primaveral y despejado de nubes se abría dándonos la oportunidad de tomar fotos de esta majestuosa fortaleza medieval, la mejor conservada del Campo de Montiel. De esta forma, las explicaciones de Visi quedaban grabadas en nuestras mentes. Su emplazamiento estratégico en medio de una calzada romana, conocida como vía Hercúlea o Augusta, nos habla de la importancia estratégica de control y vigilancia que jugaba antaño. Recibe la dominación de Monumento Histórico Nacional en el año 1983 y en el año 2005 se convierte en Bien de Interés Cultural. Impresiona a la vista su Torre del Homenaje, apoyada sobre roca viva, y emergiendo orgullosa con su perfil sobre el río Guadalén. Ello, nos dejó sobrecogidos por la sensación de sentirnos pequeños y responsables de que siga perviviendo y reflejándose en el río estoicamente para los tiempos venideros.
Tras dejar el castillo a nuestras espaldas, sellamos con las huellas de los zapatos en el camino polvoriento, la noción de haber estado en aquel lugar majestuoso y de haber recogido su mensaje de salvaguardar su presencia, tomamos rumbo esta vez, sin abandonar Villamanrique, dirección a un emblemático monumento civil, conocido como “Casa Grande” o Casa de Jorge Manrique. Se trata de la casa paterna de este insigne personaje del siglo XV. Su doble faceta de poeta y guerrero,  ha fascinado y sigue haciéndolo a los ávidos de la lectura castellana y a los que gustan de saber de historia, pero también a todos aquellos que llegan a Villamanrique curiosos por aprender de su vida y hazañas. La casa en sí se caracteriza por su estilo renacentista, llamándonos la atención el patio de la misma. Antes de dejar a Villamanrique, nos encaminamos hacia otro de sus monumentos esta vez de origen religioso, la Iglesia Parroquial de San Andrés, de estilo gótico final transición al renacimiento. Así que aprovechando su fachada como fondo idóneo para una foto más de nuestro grupo de orisanos, decidimos hacer una breve parada una vez cogidos los vehículos a la salida de Villamanrique, a unos 6km parar a contemplar la fortaleza o más bien, las ruinas de Eznavejor o Torre de Xoray del siglo IX. Su emplazamiento estratégico se ubica sobre un cerro de unos 852 metros de alto. De hecho, queda entre Villamanrique y Torre de Juan Abad. Aprovechamos el paisaje de estas ruinas que dejan vestigios sobre lo que tuvo que haber sido y es ahora, para contemplar y tomar nuestras fotos,  teniendo como testigo a un arroyo conocido con el nombre de Las Aliagas.
Nos quedaba por descubrir otra gran joya del Campo de Montiel: Torre de Juan Abad, conocido también como el Señorío de Quevedo. Acercándose la hora de la comida, tocaba pausa de refuerzo gastronómico. Tras lo cual, encaminamos nuestros pies hacia la joya monumental de la Torre, su Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Vega. Ahí la guía municipal ya nos estaba esperando para desvelarnos los secretos de este magnífico monumento. En su interior, quedamos boquiabiertos por la calidad y talla que atesoraba su retablo, hecho por Francisco Cano en el siglo XVI, su órgano del año 1763, todavía conserva sus protocolos notariales. Fabricado por Gaspar de la Redonda Zeballos, tiene fama internacional, debido a que hoy en día, su originalidad y sonido siguen intactos. Es famoso su Ciclo Internacional de Conciertos de Órgano Histórico, que se celebra en su interior. No pudimos irnos de La Torre sin antes visitar la Casa de Quevedo y sede Fundación Francisco de Quevedo. Se trata de un caserío del siglo XVII, donde pudimos ver manuscritos y muebles de la vida de este controvertido genio de las letras del Siglo de Oro. Como es sabido, Quevedo, quedó desterrado en la Torre, enfrentándose con el consejo de la villa entre los años 1610-1645. Los propios de Quevedo, como un simple tintero, nos hablaban de su relación con las letras, de su legado, un legado que pedía a gritos ser conservado…
Finalmente, antes de poner fin a nuestra ruta “Andando por la Historia” saliendo de la pedanía de La Torre, a unos 5km paramos para contemplar a la ermita templaria de Nuestra Señora de la Vega del siglo XIII. De este templo, su más apreciado tesoro es su imagen o talla de la Virgen, por la cual se celebra el día 15 de agosto una romería muy peculiar y llena de devoción.

Tras todo este recorrido de día entero, los orisanos dimos por terminada nuestra ruta por el campo de Montiel. Villamanrique y Torre de Juan Abad, quedarán en nuestros corazones, y lo que es más importante, en los corazones inocentes de nuestros socios más pequeños quienes pudieron disfrutar junto a los mayores de los tesoros patrimoniales que esconde nuestra provincia.





ANDANDO POR NUESTRA HISTORIA 7


De la mano de nuestra socia Verónica Mena,  pudimos disfrutar, pese al frío y el fútbol, de una ruta cultural "Valdepeñas en la Edad Moderna: influencia y poder de la Orden de Calatrava", el sábado 21 de Noviembre... de una amena visita a la iglesia de la Asunción, comentando sus diversas fases de construcción, detalles arquitectónicos, el retablo,.. así como de la Plaza y sus aledaños, y la fachada de la casa de los Vasco.
Gracias a nuestro socio Carlos Madrid pudimos visitar al bodega y cueva de Los Llanos, donde, para combatir el fresquito nocturno, pudimos saborear un vino y su correspondiente tapa.
Gracias a todos los participantes, y esperamos que os haya gustado.




ANDANDO POR NUESTRA HISTORIA 6


Decía D. Cecilio Muñoz Fillol, gran erudito local y cronista de Valdepeñas, que “La historia muestra en Despeñaperros su pecho desnudo y palpitante. Solo hay que acercarse y, en el silencio de las montañas, escuchar.”
Pues un nutrido grupo de socios y colaboradores de ORISOS pudieron participar el pasado sábado de estas sensaciones que transmite este paraje natural protegido, disfrutando de una ruta que les llevó de la mano de Rubén y Raquel, perfectos conocedores de estos impresionantes parajes naturales, a conocer la zona de “Vacas del Retamoso”, pudiendo deleitarse de las impresionantes vistas que ofrecen estos gigantescos crestones cuarcíticos, de la sorprendente cueva del Retamoso -conocida como la cueva de José María El Tempranillo- y sobre todo, contemplar las impresionantes pinturas rupestres que, a pesar del paso del tiempo e incluso de las atrocidades sufridas por parte algunos visitantes sin escrúpulos, aún permanecen observándonos –aunque pensemos que somos nosotros quienes las observamos- transmitiendo un mensaje que, en pleno siglo XXI somos incapaces de descifrar, recordándonos así, la torpeza del ser humano.


Aquí reside la grandeza de estas obras de la Prehistoria, y de sus autores, los cuales hace miles de años pudieron vivir, contemplar y disfrutar de la belleza de estos misteriosos parajes que hoy en día permanecen casi invariables, vigilados desde las alturas por los penetrantes ojos de las rapaces que allí anidan.
Entre estos grandes riscos el tiempo parece detenerse, permitiendo que nuestro grupo de orisanos disfrute así de este lugar donde la naturaleza y el ser humano fueron capaces de generar en perfecta armonía, auténticas obras de arte que perduran y conviven para ser admirados, disfrutados; un patrimonio muy sensible, siempre en peligro y constantemente amenazado que necesita que todos participemos de su protección para que pueda ser heredado por las generaciones venideras.




ANDANDO POR NUESTRA HISTORIA 5

Andando por... El Bronce Manchego

La propuesta que ya inició hace varios años la Asociación para la Investigación y el desarrollo cultural ORISOS de realizar rutas históricas en las que ver y disfrutar de nuestro patrimonio histórico, cultural y natural, continúa en este año 2015. La primera de las rutas propuestas en este año se ha llevado a cabo con la visita al yacimiento arqueológico de la Motilla del Azuer, y al Museo Comarcal de Daimiel.
Un nutrido grupo de treinta personas, socios,  colaboradores y amigos de ORISOS han participado en esta ruta que les ha trasladado a la Edad del Bronce Manchego, en pleno corazón de la Mancha, cerca de Daimiel, donde se localiza la Motilla del Azuer, enclavada en la vega de este río; un yacimiento arqueológico peculiar que conserva el que pasa por ser el pozo más antiguo de la Península Ibérica. Este enclave arqueológico debió de controlar y explotar un amplio territorio con importante recursos agropecuarios. El problema de abastecimiento de agua potable debió ser una constante que motivó la realización de estructuras hidráulicas, la necesidad de captación de aguas de niveles freáticos cada vez más profundos y de su protección, con la construcción de un peculiar sistema defensivo.
La visita guiada por el técnico del Museo Comarcal Miguel Torres - al cual agradecemos desde Orisos su dedicación - les permitió a los participantes disfrutar de este peculiar yacimiento que presenta una cronología en torno a 2200 – 1300 a.C. Conocidos como  “motillas” estos yacimientos arqueológicos  se distinguen por formar una elevación artificial en unas zonas llanas. Su escaso número, así como la destrucción intencionada a veces, de algunas de ellas, hacen que tengan un interés científico excepcional. En este caso, la excelente conservación de la Motilla del Azuer la convierten en un yacimiento único en la Península Ibérica.
 Los participantes pudieron disfrutar así, de este lugar, en un día en que acompañó el buen tiempo, ya oliendo a la próxima primavera, fechas idóneas ya para deleitarse con los paisajes manchegos y con nuestro rico y variado patrimonio.
Con anterioridad a la visita del yacimiento, el grupo pudo contemplar in situ los diversos materiales arqueológicos depositados en el Museo Comarcal de Daimiel, donde  se exponen elementos de la cultura material de etapas prehistóricas, protohistóricas y romanas, junto a otros elementos etnográficos, maquetas, etc.
Desde ORISOS estamos convencidos que poseemos un patrimonio histórico, excepcional en nuestro entorno más inmediato; un patrimonio que es necesario conservar y dar a conocer para disfrute y estudio nuestro y de las futuras generaciones, por lo que queremos seguir apostando por la concienciación ciudadana, por el respeto, la conservación y la valoración de nuestro Patrimonio Histórico y Natural; en definitiva, por la defensa del mismo, en aras de un futuro más prometedor, en estos días en que vemos cómo se destruye el patrimonio único de pueblos milenarios del Próximo Oriente por la barbarie humana, disfrazada de creencias religiosas, y la locura e intereses económicos de unos pocos.

 No olvidemos que el Patrimonio es un Bien de TODOS. Disfrutémoslo….disfrútenlo.




ANDANDO POR NUESTRA HISTORIA 4


            La verdad es que hacía ya mucho tiempo que no teníamos la oportunidad de dar una vuelta por nuestro campo y contemplar todo el patrimonio que aún resiste al paso del tiempo y a las agresiones que algunos estúpidos cometen contra él. Pero la semana pasada Orisos programó una visita a ciertos elementos de la Guerra Civil española que aún persisten en nuestros términos municipales, visita que congregó a un número bastante elevado de personas que querían comprobar con sus propios ojos lo que Domingo Fernández y Daniel Marín tuvieron a bien mostrarles. Lo cual certifica, por cierto, el interés que este tipo de acciones sigue suscitando entre el gran público.

La actividad comenzó en Valdepeñas, localidad en la que visitamos el polvorín que aún pervive, más mal que bien, en el cerro de Las Aguzaderas. Gracias a un trabajo realizado en 2006 y a través de distintas conferencias que pudimos dar sobre el particular, todo lo que concierne a los restos de estas edificaciones nos es bastante conocido, por lo que pudimos comentar algunos aspectos técnicos e históricos de estas construcciones, que son un fiel ejemplo de que en nuestro país hubo una conflagración bélica hace menos de ochenta años.

Tras ver el polvorín bajamos al campo de aviación de Valdepeñas y estuvimos visitando un refugio antiametrallamiento que, milagrosamente, sigue incólume al paso del tiempo. Este tipo de construcciones presentan un zócalo de piedra y una bóveda de ladrillo de tres hiladas; debido a ello, a ser su tamaño muy pequeño y a la acción directa del ser humano sobre este tipo de restos patrimoniales se han ido perdiendo poco a poco los que en un primer momento se construyeron, tanto en Valdepeñas como en Santa Cruz. De los once refugios que había en el campo de aviación de la ciudad del vino quedan en pie menos de cuatro.

Tras ver los restos de la Guerra Civil en Valdepeñas nos trasladamos a Santa Cruz de Mudela, donde pudimos contemplar, a pesar del terreno encharcado, un polvorín que está siendo rehabilitado por un particular y un refugio antibombardeo que, desgraciadamente, estaba inundado. En cualquier caso la buena conservación del polvorín de Santa Cruz de Mudela, la distribución de las naves, la construcción del recinto para guardar bombas y el hecho de que el actual propietario haya decidido limpiarlo a fondo y ponerlo en valor ha permitido que esta construcción haya llegado hasta nosotros. Y les puedo asegurar que el asunto no ha sido nada sencillo, porque el estado primigenio en el que se encontraba era poco menos que desastroso.

La verdad es que nuestra provincia alberga en su interior auténticas joyas patrimoniales que, sin embargo, son desconocidas para la gran mayoría de las personas. Con el caso de los refugios y polvorines de Santa Cruz de Mudela y Valdepeñas ocurre algo parecido. Parece increíble cómo se han ido olvidando estas construcciones por parte de la población, y cómo el olvido institucional también ha incidido en su desconocimiento. Y esto ha impedido que su conservación sea la más óptima posible.

Para certificar lo que estoy diciendo, solamente tienen que visitar el polvorín de Valdepeñas. Que un resto de la Guerra Civil tan impresionante como éste se encuentre en un estado deplorable por causa de la malicia de algunos es muy triste para quien escribe esto. En condiciones normales podríamos bajar por el polvorín y visitar sus naves de almacenamiento. En un estadio ideal podríamos imaginar que una cancela o una reja cerrasen la entrada al objeto de preservar el interior y mantener alejados a los vándalos. Y sin embargo, si hoy en día nos acercamos por este lugar comprobaremos que una de las bocas de entrada está completamente cegada con basura de todo tipo. La otra es aún practicable, pero eso es una verdad a medias porque en el fondo de esta construcción hay una capa enorme de alquitrán líquido que algún desalmado vertió allí hace tiempo, lo que impide que la gente pueda transitar por el interior.

En el polvorín de Santa Cruz ocurría lo mismo, hasta que una persona adquirió el lugar y se propuso rehabilitarlo. Ambas situaciones, naturalmente, contrastan bastante, pero no nos engañemos, la diferencia radica en el trato privado que ha recibido la instalación en Santa Cruz de Mudela, porque los apoyos institucionales para el asunto han sido igual de inexistentes en uno y otro ejemplo.

¿Podemos permitirnos perder unos restos patrimoniales tan importantes como éstos? ¿Se puede correr el riesgo de que una parte esencial de nuestra historia desaparezca porque unos cuantos refugios en mitad del campo son complicados de proteger? Soy consciente de la difícil situación que hoy en día tiene todo lo que suene a subvención cultural, pero para mí tiene la misma importancia un polvorín de la Guerra Civil que cualquier otro resto, así que habría que hacer un esfuerzo para conservarlos.

Menos mal que la nutrida asistencia que tuvimos en esta actividad certifica que todo lo que suene a patrimonio, sea de la época que sea, sigue interesando a la gente sensible con esta circunstancia. Y puedo asegurarles que la visita realizada gustó a los asistentes, porque contemplar unos restos tan impactantes como éstos sigue emocionando a la gente aún hoy. Esperemos que lo puedan hacer por mucho tiempo...
 



  



ANDANDO POR NUESTRA HISTORIA 3

ANDANDO POR …eL TRENILLO

            El domingo 14 de octubre de 2012 la Asociación para la Investigación y el Desarrollo Cultural OrisoS llevó a cabo, dentro de la actividad Andando por la historia, un recorrido por los caminos de hierro presentes y ausentes de Valdepeñas. Dividida en dos partes claramente diferenciadas, el objetivo de la jornada era comprobar in situ el estado del patrimonio ferroviario de nuestra comarca, tanto de las instalaciones que aún se utilizan (en este caso la estación actual) como de las que se dejaron de usar hace tiempo, que en el entorno valdepeñero tienen en la línea del trenillo un buen ejemplo. A la actividad, guiada por Daniel Marín Arroyo (doctorando dentro del campo ferroviario castellano-manchego), se sumó un numeroso grupo de alumnos y profesores de la UNED, que pudieron comprobar el mal estado actual de las instalaciones que aún quedan en pie (y que nos tememos que no sobrevivirán mucho más). Los asistentes también pudieron andar por la antigua explanación del ferrocarril de Valdepeñas a Puertollano, transitando por donde en otro tiempo lo hicieran las conocidas máquinas de tan singular camino de hierro (y que hoy día todavía pueden recitar de memoria los que las conocieron (Bélgica, Calatrava, Vitoria, Asturias, Bilbao...)).
            La jornada sirvió para dar un paseo a través de la historia, para empaparse de la grandeza del tren en la ciudad del vino, para despejar cualquier duda que pudiera existir sobre el triste destino al que están abocados estos elementos patrimoniales, tan olvidados y castigados. En una población como la de Valdepeñas, donde el crecimiento de finales del XIX y del primer tercio del siglo XX se debió, qué duda cabe, al enorme trasiego que se llevaba a cabo con el vino en la estación, encoge el corazón comprobar cómo los enormes muelles de almacenamiento van desmoronándose poco a poco. La zona, que aún conserva elementos muy interesantes (discos de cambio, gálibos, básculas, vías de entrada a las bodegas, etc.), sirvió para explicar a los participantes en la actividad lo que supuso la llegada de los caminos de hierro en 1861 y la utilización de las máquinas de tren en la nueva disposición comercial del vino. No se puede entender la gran Valdepeñas, la ciudad de Eusebio Vasco, la de los numerosos periódicos y los edificios señoriales, la del Paseo de la Estación, la de los varios casinos, la que llegó a ser la más poblada a nivel provincial, sin el estímulo del ferrocarril.
            Por su parte, la visita a la antigua explanación del trenillo sirvió para explicar este camino de hierro en todas sus características. Acompañados de numerosa información gráfica y gracias a la apertura de la sede de la Asociación de amigos del ferrocarril de Valdepeñas, se fue desgranando lo que supuso la aparición, a finales de siglo, de este nuevo competidor de la gran compañía MZA. Pensado como ferrocarril para dar servicio a la finca de Montanchuelos (para lo cual se ideó, en su primera conformación, con un ancho de 60 centímetros y sistema Decauville de traviesas metálicas), Pedro Ortiz de Zárate configuró un trayecto serpenteante de 75 centímetros de ancho entre Valdepeñas y Calzada, con la inclusión de Moral de Calatrava y la finca de Montanchuelos en su primer trayecto (luego se añadiría, entre Valdepeñas y Moral, la estación de La Gredera). Tras la ampliación de 1903, este ferrocarril del campo de Calatrava (como se llegó a llamar durante un tiempo) llegó a Puertollano, configurándose en una de las pocas líneas transversales de la provincia y aun del país.
            Sin embargo, el deambular de este camino de hierro no fue placentero. De construcción modesta, sin subvención inicial por parte del Estado y con graves problemas para obtener beneficios, sus resultados de explotación demostraron que las pérdidas iban a ser una constante a lo largo de sus 70 años de vida.  Ni siquiera la ampliación hacia la cuenca minera de Puertollano terminó por dar la  vuelta al balance negativo de la compañía. Hubo intentos de prolongar la línea hacia el campo de Montiel, llevando los parabienes del ferrocarril a Infantes (en un proyecto sancionado como ley en 1907), pero todo se quedó en el papel. El trenillo permaneció con unas instalaciones básicas y con un material tractor y móvil en pésimo estado durante mucho tiempo, adoleciendo de inversiones y condenado a desaparecer en uno de los planes de racionalización del gasto de RENFE, lo que terminó ocurriendo en 1963.
            Sin embargo, ese patrimonio ferroviario, muy desgastado ya por el paso del tiempo, aún puede rastrearse. Ese fue el objetivo principal de la actividad planteada por la asociación OrisoS, llevar a los participantes de la misma al escenario real del trenillo, conducirlos allí donde todavía pueden verse los restos del balasto, de las alcantarillas y tajeas, de los pontones que salvaban los arroyos que bajaban de Sierra Prieta (por regla general secos y llenos de maleza, pero salvajes e incontrolados en época de lluvias torrenciales). Solamente con la visita in situ se puede captar la verdadera esencia de los lugares, del patrimonio, de lo que en otro momento fue y ahora se resiste a desaparecer. De hecho, si se aguza el oído parece que todavía pueden escucharse, como ecos lejanos del pasado, aquellos cantares tan singulares que se crearon en torno a tan pintoresco medio de transporte. Traídos por el viento, escuchábamos esas estrofas que Eusebio Vasco recogió, y que aún hoy nos ponen una sonrisa en la boca: con el aire que llevan las moraleñas derriban el trenillo de Valdepeñas.


ANDANDO POR NUESTRA HISTORIA 2
San Carlos del Valle.

El rico y abundante patrimonio arqueológico y natural de San Carlos del Valle ha sido el nuevo objetivo que han visitado este pasado domingo día 13 de noviembre los componentes y colaboradores de ORISOS, Asociación para la investigación y el desarrollo cultural. Esta actividad, que se enmarca dentro de las rutas históricas que están realizando desde dicha Asociación, ha consistido en la visita a varios de los yacimientos del Bronce de la Mancha que se localizan en el entorno de San Carlos del Valle. Así, los participantes pudieron contemplar in situ varios de estos yacimientos: la Torreta, el Castillejo, Cerro Gordo y los Galvarines, así como su excepcional entorno natural. En todos ellos se pudo comprobar tanto el abandono y destrucción que están sufriendo, como el daño –en la mayoría de los casos irremediable– de estas delicadas estructuras, y que pese a haber soportado el paso de miles de años, sufren ahora continuos ataques y deterioros debido sobre todo a la acción de actuaciones puntuales: instalación de torres de comunicación, de molinos eólicos, incluso los conductores de motos Quart, que hacen de estos lugares sus “autopistas de divertimento”, destrozando sin miramientos estos históricos lugares y la propia vegetación autóctona.
El impresionante paisaje que se puede contemplar desde estas sierras próximas a San Carlos del Valle se manifiesta tanto al norte con el valle del rio Azuer, y la planicie manchega que se adivina al fondo; como al sur, con el amplio valle del Jabalón, ambos jalonados de nuestros hermosos pueblos manchegos: Valdepeñas, La Solana, Membrilla, Manzanares, Pozo de la Serna, Villanueva de los Infantes, entre otros, se pueden apreciar en la lejanía desde estos interesantes crestones  cuarcíticos.
 El aprovechamiento del medio, tierras cultivables, lugares estratégicos, etc. serían los condicionantes fundamentales en la distribución de este tipo de asentamientos que se desarrollaron durante la Prehistoria Reciente manchega, presentando en opinión de sus investigadores, una cronología en torno al 2400 – 2300 a. C.; siendo abandonados  la mayoría  hacia la segunda mitad del Segundo Milenio, en torno al 1.400 a. C.
 Generalmente, son poblados en altura, denominados Morras o Castellones, dependiendo en buena medida de su tamaño, que suelen presentar fortificaciones y sobre todo, se sitúan en zonas de difícil acceso, identificándose también algunas torres de vigilancia en el entorno, lo que da lugar a un patrón de asentamiento que se repite en las sierras inmediatas (Sierras de Alhambra, de Los Bailones, Sierra del Peral, etc.) donde se identifican pequeños asentamientos relacionados visualmente con las posibles torres de vigilancia.
Como decimos, el deterioro que están sufriendo estos lugares, debido sobre todo a la acción humana y evidentemente, a la no aplicación de la legislación vigente, invitan a una reflexión profunda: ¿con qué derecho estamos dando lugar a la destrucción de nuestro Patrimonio, sobre todo el patrimonio arqueológico, tan sensible a determinadas agresiones? Sin duda, Castilla La-Mancha es una de las Comunidades Autónomas donde la falta de concienciación ciudadana para la protección de nuestro patrimonio es más evidente. Esto, unido a la desidia de las Administraciones Públicas competentes, hacen que se produzcan las situaciones actuales: descontrol, abandono y destrucción de nuestros Bienes patrimoniales.
Una vez más, desde ORISOS queremos levantar la voz para pedir a los responsables de las Administraciones Públicas correspondientes, se impliquen y lleven a cabo las pertinentes actuaciones tendentes sobre todo a conservar este rico y abundante Patrimonio Natural y Cultural de nuestros pueblos.  Queremos así, seguir abogando por la concienciación ciudadana, por el respeto, la conservación y la valoración de nuestro Patrimonio Histórico y Natural, en definitiva, por la defensa del mismo, en aras de un futuro más prometedor. No olvidemos que el Patrimonio es un Bien de TODOS.


ANDANDO POR NUESTRA HISTORIA 1: Encomienda de Corral Rubio y Ermita de San Roque
ORISOS Asociación para la Investigación y el Desarrollo Cultural ha llevado a cabo la primera Jornada dedicada a una nueva actividad que trata de promover el conocimiento del patrimonio cultural de nuestra comarca compaginando las visitas a lugares históricos del entorno a través de rutas senderistas.
“Andando por nuestra historia” trata de dar conocer más a fondo nuestra historia comarcal, nuestra etnografía y nuestro entorno natural de una manera diferente. Podemos aplicar así el dicho de mente sana in corpore sano, ya que andando a través de nuestros caminos, de nuestros campos, de nuestro entorno natural, se van a ir visitando diferentes lugares emblemáticos desde el punto de vista histórico y cultural en general; pudiendo contemplar así los restos materiales de nuestra historia, de nuestro patrimonio histórico y natural.
Así, esta primera Jornada se ha llevado a cabo en el marco histórico geográfico de la Encomienda de Corral Rubio. Los participantes, tras un interesante recorrido a pie por los caminos de la Encomienda, visitaron los restos de la antigua Casa de la Encomienda donde, tras comentar las circunstancias históricas de la zona, pudieron comprobar in situ el deterioro que están sufriendo los escasos restos más antiguos que aún quedan de esta edificación: los restos de una fachada, la portada y patio empedrado. Posiblemente, estos restos más antiguos se correspondan con una edificación del siglo XVI. La portada es similar a otras documentadas ya en el casco urbano de Valdepeñas.
La Encomienda de Corral Rubio es, según argumenta la Doctora Ángela Madrid en su libro “Una villa de la Orden de Calatrava. Valdepeñas”, el primer núcleo de población documentado en el entorno de la actual ciudad de Valdepeñas tras la conquista de estos territorios por las órdenes militares en pleno siglo XIII; siendo posiblemente, el precedente de la actual Valdepeñas.
Posteriormente, el grupo visitó la zona de la Nava del Conejo, donde se sitúa la Casa de los Vasco y la ermita de San Roque; edificaciones que, pese a su estado ruinoso por el abandono que están sufriendo, se alzan aún imponentes en medio de un paisaje de naturaleza idílica, donde el agua y la vegetación se unen dando un aspecto paradisíaco a la zona.
Antonio Brotóns alude en su libro “Apuntes históricos de Valdepeñas” a la construcción de la ermita de San Roque a expensas de la familia Vasco en torno a 1867.
El grupo pudo comprobar la decadencia y dejadez de estos lugares; cómo el paso del tiempo y el abandono están acabando con los escasos restos históricos que aún pueden verse; edificios y paisajes abocados a una próxima e irremediable desaparición y por tanto, a la pérdida de una parte de nuestra historia, de nuestro patrimonio histórico.
Es evidente que nuestro patrimonio, ahora más que nunca, inmerso también en esta larga crisis, está en peligro. Hace falta sin duda más concienciación por parte de todos y, sobre todo, más respeto y aprecio por nuestro pasado.
Como bien decía Kubber en 1962, Las únicas pruebas de la Historia disponibles en todo momento a nuestros sentidos son las cosas hechas por los hombres”. Si se pierden esas pruebas, si no tomamos conciencia de conservar y proteger nuestro patrimonio, flaco favor le estamos haciendo a las generaciones venideras.
La Asociación ORISOS va a continuar con estas actividades en los próximos meses, dando a conocer a sus socios y colaboradores nuestro entorno y su historia. Así, el conocimiento, disfrute y estudio de ello hará que parte de nuestro patrimonio pueda ser documentado para que, precisamente, las generaciones futuras tengan por lo menos, conocimiento de su existencia, de su pasado; porque un pueblo que no conserva su patrimonio, que no sabe de su historia, está abocado a su desaparición.
Consideramos que una buena parte de nuestro patrimonio está en peligro. Dentro de poco tiempo estos lugares serán sólo ruinas, montones de escombros que harán que nuestra historia y nuestro pasado se pierdan y desaparezcan irremediablemente en la nebulosa de los tiempos. El desinterés, la apatía, la desidia, en definitiva, la indiferencia por estos lugares, implican el abandono de nuestra historia, de nuestro pasado.
Esperemos que las futuras generaciones de valdepeñeros, de castellanos-manchegos, sean más conscientes de todo esto. Desgraciadamente la coyuntura económica actual, donde los recortes en cultura parecen ser una solución de parche a la crisis, hace que sea impensable cualquier tipo de actuación sobre estos lugares, tendente a conservar lo que aún queda de ellos. Pero sí nos queda la esperanza de que entre todos, - administraciones, ciudadanos, etc. - aún se puedan buscar soluciones que eviten lo que hoy por hoy, parece inevitable.

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Valdepeñas, Ciudad Real, Spain